Capítulo 1
Continúo deslizando los dedos sobre las teclas del piano al tiempo que cierro mis ojos, satisfecha con el sonido que escucho. Tocar la canción Canon de Johann Pachelbel es un gusto que demanda ser sentido cada mañana al despertar.
Amo venir aquí y hacer un dueto con mi piano, o con mi violín, la verdad es que no puedo decidir entre los dos. Lo bueno es que no tengo que hacerlo, la música igual me hace sentir todo más vívido.
Es como si las paredes de la sala se vieran más azules, la ligera brisa que entra por la ventana se sintiera más fresca, y el canto mañanero de las aves junto con la melodía que toco hace que todo sea perfecto. Como si se complementaran entre sí para juntos crear algo hermoso. Y yo soy parte de ello.
Cuando toco no siento que solo estoy yo, al contrario, siento que forma parte de algo tan grande que ni siquiera se puede explicar con palabras.
Son estos momentos los que más atesoro, porque a pesar de estar sola, puedo ser yo misma, dejar de fingir, y sentir que por fin soy parte de algo especial que realmente quiero, hago algo por voluntad propia...son estos momentos en los que realmente soy libre.
-¡Rouseline Jones, deja ya ese ruido! – Grita mi madre desde el segundo piso.
Y es así como en menos de un minuto, mi libertad se desvanece.
Alejo mis dedos bruscamente del piano, suspirando con cierta frustración, tragando fuerte para llevar lejos la impotencia. Así es mi vida, tengo que cumplir órdenes, todo el tiempo. Si mis padres me ordenan algo yo debo hacerlo. Si escriben una lista de reglas yo debo seguirlas al pie de la letra. Si me prohíben algo no debo anteponerme ante ello. Si ellos tienen planes y expectativas para mí...yo debo cumplirlos sin rechistar.
